sábado, 27 de julio de 2013

Quería...

Quería escribir una entrada para dedicártela, por si acaso la lees algún día.
Entonces, me pregunté cómo comenzarla. Quizás ni la termine, ni la publique...quién sabe? Pueden pasar tantas cosas!
Entonces, se me ocurriría empezar por lo primero, por el primer día.
El primer día que te ví.
Yo estaba sentada y de pronto, PUF! Te apareciste ahí como por arte de magia.
En aquél entonces, mi vida entera era perfecta. Había terminado de pensar en alguien, ya ni me causaba amor, ni dolor tampoco. Mi trabajo iba perfecto, mi salud muy bien. Mi alegría iba en alza. Sí.
Y entonces te vi. Y te miré, porque me llamaste la atención. Miré tus manos, preciosas (no sé, quizás tenga alguna especie de fetiche con las manos, es de las primeras cosas que suelo mirar). Cada movimiento era lento, pero seguro. Quizás eso fue lo que más me llamó la atención. Nunca había visto a nadie moverse así. Podés creerlo? Nunca había observado a nadie tan detalladamente como para percatarme de hasta cómo son sus movimientos. Más tarde terminaría descubriendo que tus movimientos son así, tan tranquilos que hasta me transmiten paz a mí. Increíble. No salgo de mi asombro, por más tonto que suene.
Luego te perdí de vista.
Nos volvimos a encontrar, varias veces.
Yo seguí observándote, aunque seguramente no te percataste de ello. Miraba tus ojos, tu mirada. Esos ojos color café! Qué daría yo porque tener esos ojos cerca de mí! Tu cabello, tu cuerpo.
Luego tu voz. No recuerdo cómo sonó la primera vez que hablamos, pero ahora la reconocería muy bien si estuviese ciega. Pero por suerte no lo estoy, por suerte, puedo seguir observándote, como una mirona...
Y entonces cuando hablamos, quise ocultar mis manos para que no te dieras cuenta de lo que me estabas provocando. Sí, estaba muy nerviosa. Sabés qué es lo peor? Que cada vez que te veo, los síntomas empeoran. Empeoran porque este trabajo de disimular lo que me pasa es complicado.
Y entonces me hablaste y yo casi casi que me muero. Así, medio a lo exagerado y medio como metáfora.
Y me hablaste de nuevo y yo no pude hacer más que meterme en mi caparazón intentando por todos los medios que no pudieras alcanzarme, porque de hacerlo, quedaría en evidencia todo esto. Y no sé por qué tuve la sensación de que te perdí antes de que pudiera tenerte en mi vida. Y eso es frustrante al extremo.
Quisiera poder dar más detalles de todo, pero me temo que no será posible ahora.
Pero, qué te puedo decir? Qué puedo escribirte?
Quiero ir directo al grano, para que entiendas y no te confunda tanto palabrerío.
Cada día que tengo la sospecha de que voy a verte, salgo de casa con el corazón acelerado y cuanto más me acerco...peores son los síntomas. Suelo ser una persona ansiosa y nerviosa, por todo, aunque lo disimulo bien y nadie se da cuenta. O eso creo. Cuando le digo a las personas que mis nervios me afectan mi estómago y por eso me la paso tan mal, me dicen: "Pero qué raro, parecés tan tranquila!"....Pero no saben, ni se hacen idea de mi caos interno.
Y finalmente cuando logro verte, siento esta cosa...esta cosa que yo no sé bien cómo explicar porque no estoy segura de que me haya pasado antes. Esto...de que se me acelera más el corazón y siento...casi como si se partiese en pedazos, esta puntada, justo ahí, donde habitan las emociones. Y se me dificulta la respiración y necesito, por un momento, sostenerme a algo. Parece exagerado, lo sé. pero no te miento.
Lo peor de todo, es aguantar estas ganas de tomarte por la cintura y ahí, de la nada, comerte a besos.
Perdoname por escribirte una cosa así, a lo mejor, estoy siendo una descarada, pero qué más puedo hacer?
Es que te lo tengo que decir. Me muero por un abrazo tuyo. Pero yo no sé...si cuando estás cerca mío me siento así, no quiero imaginar qué pasaría si te acercaras más. Sería una tortura, un suicidio. Pero un suicidio que valdría tanto la pena!
Me gustás tanto!
Es que, cuando yo te ví, por segunda vez...ahí descubrí que algo te hacía diferente al resto. Y de hecho, estoy convencida de eso. Quizás te he idealizado demasiado y quizás, luego termine diciéndome que las cosas no eran como yo pensaba. Pero qué importa? Sufriría, sí. Pero sería mi culpa después de todo.
Pero qué importa? No importa ahora, realmente.
Ahora, explicame, qué hago con esto que siento? Ya estoy cansada de tener que tragármelo cada vez que te veo. Te lo quiero decir, pero no hallo una manera de hacerlo. Tengo miedo de darme contra una pared, aunque no me importaría. Pero no encuentro el momento. No te encuentro cuando tengo que encontrarte. Porque para todo hay un momento y ahora siento que podría esperar todo el tiempo que sea necesario para que tu planeta y el mío se choquen. Entendés?
No me importa lo que tarde. Lo que importa realmente, es que podría mirar tantos rostros, conocer tantas personas y ninguna, pero ninguna me haría sentir esto que estoy sintiendo ahora.
Porque...yo pensaba que...yo pensaba tantas cosas...eso tampoco importa.
Importa que ahora, te pienso todo el tiempo, no importa lo que haga. No quisiera que esto fuera así. No quisiera tenerte todo el puto día dando vueltas en mi cabeza, pero no lo puedo evitar.
Pero lo que pasa es que vos, sin hacer absolutamente nada, me arrancás más sonrisas como nadie lo ha hecho antes. Sin hacer nada de nada.
Sólo con el hecho de saber que existís, ya me hacés sumamente felíz.
Y cómo le explico eso a mi cerebro? A mi razonamiento?
Y más aún, cómo le explico yo a esta necesidad de tenerte cerca, que mi corazón ya se siente bien aunque no te tenga?
No sé qué más decirte. esto, fue una especie de desahogo. Punto.
Y hablando tontamente, por primera vez, le doy gracias a la COOM. jajajaja
Fin, ya está. Ya descargué. Podría decir más cosas, pero me las voy a guardar para el día que deje de ser una cobarde y pueda decírtelo en persona.












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