jueves, 11 de septiembre de 2014

Cartas a quien las quiera leer. Parte V.

Querid@ X:

                   Hace tanto no te escribía! Espero que sepas disculparme, pero la verdad, últimamente no tenía nada en especial para contarte. O quizás sí, pero, preferiría guardarme algunas cosas para mí.
¿Cómo has estado, querid@ amig@? Algún día, sería genial leer algunas líneas provenientes del otro lado de la pantalla, para no sentirme tan sola a veces. Y no es que me moleste la soledad, en realidad, la aprecio mucho más de lo que nadie se pueda imaginar. Pero sería tan lindo tener a alguien que me escriba a mí también! Creo que mi emoción no cabría dentro de mi pecho si recibiese cartas de alguien...
Pero en fin...quería contarte algo.

Hoy mientras iba en el bus para el laburo, observando el paisaje por la ventanilla, pensaba en cuando sea viejecita y tenga mi casa entre esas sierras.
La verdad es que, con seguridad, no podré transcribir ahora todos mis pensamientos que en ese entonces, rayaban un poco en lo poético.(Me está afectando un poco el lenguaje de Goethe, creo,jajaja. Ojalá y se me contagie un poco.Bueno, yo digo "poético", porque es un lenguaje demasiado bello. Más bello que cualquier poesía que haya leído alguna vez en mi vida).

Es que ahora mismo estoy en el saló de mi clase y es imposible volver a tener exactamente los mismos pensamientos que me invaden cuando veo ese paisaje.

Hay ciertos puntos en la Ruta 60, cuando uno sale de Minas(más o menos a mitad de camino entre Minas y Pan de Azúcar), en donde se pueden ver las sierras, una pegada a la otra, dando una vista panorámica casi perfecta.
Si encuentro una foto, te la adjunto. Pero te aviso, mi querido amig@, que la imagen no le hará justicia alguna a lo que tus ojos podrían ver por sí mismos. Es mucho más hermoso de lo que una foto pueda mostrar...

En fin, el hecho es que venía pensando en cómo será cuando, como te decía con anterioridad, tenga mi casita entre esas sierras. Porque espero que así sea.
Mi sueño es vivir al pie de esos cerros, en una casita modesta, y tener mi propio huerto o un invernáculo y animalitos que sean mi sustento y compañía (en realidad, me refiero a alguna vaquita que me proporcione leche y algunas gallinas que pongan huevos. Quizás algún caballo, porque son hermosos), y por supuesto, algún gato y perro.

Seguramente luego terminaré haciéndome amiga de las arañas vecinas.
Eso sí, aunque me gusten mucho los reptiles, espero NO ser visitada por víboras, aunque sí me gustaría codearme con los lagartos, que son animalitos bellos hasta por demás.

Entonces pensaba en como sería mi vida en completa soledad, aislada totalmente del barullo de la ciudad...
Me imaginé(como otras miles de veces), sentada en un cómo sillón, en una gran habitación que estará (¡Por supuesto!), repleta de libros. Libros que seguramente ya habré leído antes miles de veces y entonces diré: ¡Ah!, esta historia ya la conozco, pero, ¡qué más da! Ahí vamos de nuevo.

Y entonces, releeré las misma páginas que en mi juventud y volverán a mí recuerdos de tiempos pasados, y reiré entre lágrimas, añorando mis días de joven.

Pero los días serán todos míos. Y el tiempo...seré dueña del poco tiempo que me quede. Y disfrutaré(aun más que en estos días), y saborearé cada minuto, los lameré para que penetren bien por mis poros.

Y por las mañanas, subiré a los cerros a sentarme a meditar.
Luego, en las horas más silenciosas de la siesta, disfrutaré del sonido inmenso y que todo lo abarca, del campo.
Y por las tardes, saldré a caminar y gozaré escuchando a los pájaros cantar.
Y quizás finalmente, pueda conocer a ese pajarito que solo he escuchado un par de veces en el campo, cuyo canto sencillo amo y que me llena de melancolía y alegría a la vez, pero cuya apariencia y nombre son completamente desconocidos para mí.

Y luego, por las noches, subiré al techo de mi casa y me sentaré a la luz de la luna, a contemplarla a ella y a las estrellas. Y será como en los tiempos en que la humanidad aun no conocía el fuego. Y quizás también, como los hombres y mujeres primitivos, sienta un poco de miedo ante tal inmensidad y tal abrumadora belleza. Pero veré al cielo en todo su esplendor, sin las luces de la ciudad que lo enturbian o nublan nuestros ojos.

Y entonces, la muerte vendrá un día a buscarme, y burlona, riéndose de mí, me dirá: " Toda tu vida te pasaste luchando contra el tiempo. Tanto que lo odiaste, y mírate ahora: se te ha terminado. Este, tu último minuto, se te escurre por las manos como lo haría la fina arena del mar. éste, es tu minuto final."

Y yo, que para ese entonces ya habré planeado mucho mejor mi venganza y la frase que la destruirá, le diré: "Mira, vieja sabandija, te tardaste todo este tiempo en venir a buscarme. Te tardaste lo suficiente como para que yo haya exprimido y le haya quitado el jugo a cada segundo y a cada milésima de segundo de mi vida. ¿Ahora me vienes a buscar burlándote de mí? Gracia me das, tú, que crees que nos robas a todos el último aliento de esperanza.
Antes de que me lleves, déjame decirte una cosa, vieja rata: no me robarás NADA. Mi último aliento se ha ido con mi último suspiro, que se lo robó mi amor, en donde quiera que esté. Y mi último minuto, lo he gastado ahora, riéndome de tí. Llévame, pues no te temo, y nunca lo hice."

En este punto he debido detener esta carta, dado que me vinieron a buscar a la clase y tuve que dejar todo rapidísimo porque aparte, cuando me copo escribiendo, me olvido del tiempo. Al igual que me olvido de él cuando estoy absorta en la lectura de un libro.
Ahora mismo ya no tiene sentido agregarle nada más.
Espero que estés disfrutando de unos excelentes días.
Adiós, mi querid@ amig@.
Espero volver a estar en contacto contigo muy pronto.
Abrazos a la distancia.

      Y.

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