jueves, 25 de septiembre de 2014

Qué año, qué mes, qué todo...

No sé qué podría decir al respecto de todo esto. De mi vida en general. De todo lo que ha pasado últimamente.
Intento aquietar mi mente, guardar silencio interior, aunque en realidad, siento una especie de desesperación que en pocas ocasiones he sentido.
Estoy como perdida, caminando ahora un camino que no conozco.
Y aunque todos mis pensamientos van hacia lo positivo, hay un poco de miedo en el fondo.

Ahora, ¿por qué miedo?. Una buena pregunta.
¿Por qué los seres humanos sentimos miedo? No lo sé.
¿Por qué dudamos de nuestra fuerza interior? ¿Por qué dudamos del mundo? No lo sé tampoco.

Intento calmar la ansiedad, que por ahí, leí hace un tiempo: "Ansiedad: exceso de futuro". Y sí, es eso. No recuerdo el autor de esa frase, pero que le pegó en el palo, le pegó. No hay dudas.

En este momento me siento bastante sola. Y eso que amo mi soledad. Casi que la venero. Pero realmente dudo que alguien en este momento pueda comprender exactamente todo el torbellino de pensamientos que invaden mi cabeza. Por eso, es muy difícil hablar.
Quisiera tener a alguien con quién hablar. Alguien con quién desahogarme. Alguien que ahora me diga: "Tranquila, Laura. Todo va a salir muy bien". Quisera tener a alguien que me abrace bien pero bien fuerte y me deje llorar en paz, sin preguntarme nada. Necesito sacar todo esto. Esta mochila cargada que me está lastimando la espalda.

Necesito un poco de paz. Estas últimas semanas han sido como si un huracán me hubiese arrastrado hacia lugares inesperados, hacia decisiones que quizás, debiera haber tomado hace tanto tiempo atrás...
Pero aquí estoy, en estos momentos, sosteniéndome como puedo. Y por más que me ria y aparente que todo está tranquilo y bien, la verdad es que siento miedo.
Y a la vez alegría. Y a la vez tristeza. Y muchos sentimientos entreverados, revueltos, como las olas del mar cuando hay mucha tormenta. Se retuercen todos juntos, se mezclan, y no sé exactamente qué siento. Demasiadas cosas.

Pese a todo, aquí sigo, de frente al viento, y seguiré caminando porque es lo que la vida me ha enseñado: a seguir adelante. A tomar decisiones firmes y sin vuelta atrás.

Porque así soy. No puedo ser de otra manera. No puede ser diferente. Así son las cosas.

Y estoy esperando a que la primavera juegue a mi favor y haga que crezcan flores en mi jardín y que por fin, los yuyos que no sirven decidan no asomarse más en mis campos.

Ahora, hay que arrancar al problema de raíz, extirparlo, como quien extirpa un cáncer.

Y es que si las cosas no son así, si el cambio no se da exactamente ahora, no se dará nunca más.
Dicen que las oportunidades solo llaman a la puerta una vez. Hay que tomarlas, sujetarse bien a ellas y bueno...que sea lo que tenga que ser.

No sé por qué dudo, no sé por qué tengo miedo. Pero imagino que quienes se suben a una montaña rusa han de sentirse igual: con miedo, pero con la adrenalina al mango. Deseosos de emprender ese paseo. Y yo estoy deseosa de emprender éste, que será probablemente un paseo que no olvidaré nunca más.

Papá: hace días venía soñando contigo. Supongo que algún mensaje me estarías dando desde el otro lado. Cómo quisiera que estuvieses acá para aconsejarme. Te he necesitado tanto últimamente. Más de lo que quisiera aceptar. Sé que hacés fuerza por mí y por todos nosotros desde allá. Sé que me estás cuidando. Es el consuelo que me queda y sé que no estoy equivocada.

Ahora, es momento de abrocharse bien fuerte el cinturón, apretar los dientes, y sujetarse bien. Ya no hay vuelta atrás. Las decisiones están tomadas. Ya jugué todas mis cartas y voy a ganar. Aunque sea lo último que haga.

Ojalá y tenga alguien que me sujete cuando termine este viaje. Alguien que sea capaz de contenerme. Alguien. Nada más. Alguien. Ahora más que nunca estoy necesitando de no estar sola conmigo misma porque se me va de las manos.

Puedo ser fuerte, pero me siento al borde del desmayo. Siento el vértigo y el aire frío que me invita, pero aun así, voy a saltar.
Ya es hora de arriesgarse por lo que realmente necesito en mi vida.
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