miércoles, 8 de marzo de 2017

La ventana (cuento)

Hola, mis estimados lectores, ¿cómo andan? Bueno, la verdad es que me disculpo por no andar esta semana por acá, pero es que ya empezaron las clases y se me ha reducido mi tiempo. Pero ya en cuanto tenga todo encaminado, estaré más seguido.

Podría programar los posts, pero es que es algo que no me convence demasiado, porque por ahí, se me ocurre que tengo ganas de hablar otra cosa, y ya no tendría mucha gracia programarlos. Ufff, es complicado.

En el día de hoy, les traigo un cuento que hace pila estoy por publicar aquí. El año pasado encontré unos retos de escritura en el que, dadas unas consignas, había que escribir. Están muy buenas las consignas, puede que más adelante las deje por aquí por si a alguien le gusta escribir y para mis alumnos del Taller de Escritura Creativa.

La idea de las consignas, es escribir cada día(la verdad es que con esto, no me ha ido muy bien. jajajaa). Pero para hacerlo más complicado, me auto-impuse la regla de que debía escribir en base a la consigna en 15 minutos. No más tiempo. Así que, una de las primeras consignas era la siguiente: Empieza una historia con: “Estoy de pie en mi cocina...”. Debe ser una historia de suspense.
Así que esto, es lo que he escrito. Espero que les guste. Mis saludos y hasta el próximo post!






La ventana.

Estoy de pie en mi cocina, mirando al vacío, tomando un vaso de agua en medio de la madrugada.
No encendí ninguna luz. Hay Luna llena. Su pálida lumbre entra por la ventana.
No necesito luz.Puedo ver claramente el patio a través de los vidrios. Las plantas se mecen
apacibles con la brisa veraniega. Hay demasiado silencio. Un silencio inusual. Me digo que debe ser
porque son las 3 am.
De repente, algo se atraviesa en mi campo visual. Una sombra. Hay algo que no debe estar ahí.
Algo que atravesó el patio a la velocidad de un rayo. Algo muy grande. Pasó a tanta velocidad, que
no pude ver de qué se trataba, pero claramente, algo había. Se refugió bajo un matorral enorme en
un costado de la puerta.
Intento enfocar mi vista hacia ese lugar. No consigo distinguir nada más que las hojas de los
arbustos y plantas que decoran el jardín.
Intento no asustarme. “Debe de ser mi imaginación” me digo a mí misma. Son las 3: 05 am. Me
había levantado rápidamente a tomar agua, ansiosa por seguir durmiendo.
-Cjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj- Escucho claramente cómo algo rasca la puerta.
En ese momento, mi corazón se paraliza. Siento como si explotara dentro de mi pecho, un dolor
punzante. El dolor del miedo.
Intento tranquilizarme. “Debe de ser una comadreja” me digo a mí misma. Son las 3: 08 am. Una
hora normal y silenciosa como para que anden las comadrejas.
Me doy media vuelta, llevando el vaso en mi mano, sin mirar hacia atrás. “¿Por qué carajo no cerré
las cortinas?”, me pregunto. Cuando me decido a avanzar...
-Puuuuuuuuum!- un golpe fuertísimo en la puerta, que hizo que se me escapara un grito y el vaso
cayera al piso, rompiéndose en mil pedazos.
Quise dirigirme hacia mi cuarto, pero al dar dos pasos, mis pies se toparon con el frío y cortante
cristal desparramado por el suelo. Algunos vidrios se clavaron en las plantas de mis pies, lo que me
causó mucho dolor. Instintivamente, me agaché para intentar sacarlos, aunque casi no podía ver.
Allí, agachada, confundida por el dolor, había olvidado el golpe en la puerta.
De repente, desde atrás de los sillones, siento una respiración similar a la de alguna bestia.
Yo vivía sola. No tenía mascotas.


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